Carlos de Foucauld, o “soñar con un mundo que sea eternamente ‘Jesús’

“Sus enseñanzas encajaban plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal”

“Nos sentimos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad”

“Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos”

07.06.2020

La ‘familia’ foucouldiana, desde sus diversas sensibilidades en España y en el mundo, ofrece sus correspondientes testimonios de búsqueda espiritual comunitaria, personal e inspirada en el hermano Carlos de Foucauld, a la luz de su anunciada canonización.

Asociación Familia Carlos de Foucauld en España

Hoy es un gran día de fiesta para nuestra Familia Espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y para los pobres en general. Hemos conocido la noticia justo el día de la celebración de Pentecostés, una de las fiestas vividas más profundamente por Carlos de Foucauld. El Espíritu lo fue guiando en su búsqueda al lugar más inhóspito y pobre, Tamanrasset. Allí forma una “Zaouïa” (Fraternidad), esta era su casa.

Siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. ¿”Hay alguna cosa más dulce en el mundo que hacer la voluntad de Aquel a quien se ama”?. Soñar para mañana un mundo que sea finalmente y eternamente “Jesús”, su Modelo Único, practicando el apostolado de la bondad. La novedad de su mensaje es vivir Nazareth, vida humilde y pobre.

Las Fraternidades, que vivimos su carisma, generalmente queremos hacer en lo posible, la imitación de Nazaret en humildad, pobreza y “Dernière place” (último lugar); buscando el equilibrio entre Contemplación y Acción.

La acogida entre nuestras Fraternidades en unión como ramas de un mismo árbol. Queremos continuar el deseo de Carlos de Foucauld de ser una Fraternidad Universal. Nos comprometemos en nuestra sociedad, cada una en donde le ha tocado vivir, en compromiso con los más desfavorecidos que son nuestros hermanos.

Esta gran satisfacción y alegría que nos produce su canonización nos ayudará y nos dará fuerza para continuar viviendo nuestro Carisma en profundidad. Damos gracias a Dios por tan gran obra.

Comunitat de Jesús

La Comunitat de Jesús fue iniciada por el laico Pere Vilaplana a finales de los años 60. En septiembre de 1968, en la ermita de la Santa Creu, en la montaña de Montserrat, el monje ermitaño Estanislau Llopart recibía los compromisos de los primeros hermanos. Actualmente conformamos la Comunitat de Jesús 43 hermanos y hermanas: casados, solteros y un hermano consagrado en el celibato.Vivimos en diversas localidades de Catalunya, País Valenciano, Aragón y Baleares, cada uno en su domicilio. Uno de los inspiradores de nuestro carisma ha sido, y es, Carlos de Foucauld, así como Albert Peyriguère, seguidor también de Foucauld, en el Kbab (Marruecos) en los años 50. El conocimiento de ambos se gestó en las primeras biografías de Foucauld y en unas cartas de Peyriguère recogidas en “Dejad que Cristo os conduzca”.La visión en la etapa final de Foucauld de promover la encarnación del evangelio en el laicado, recuperando el modelo de Priscila y Aquila, también en el mundo occidental, y no solo en los países musulmanes, encajaba plenamente en un grupo de personas ‘normales’ que hacían bandera de la amistad como semilla del amor fraterno, universal.

Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld
Espiritualidad en el desierto según Carlos de Foucauld

Amigos en el Amigo, viviendo la vida de Nazaret en los entornos laborales, sociales y de Iglesia. Nuestro estilo de vida no tiene nada de particular: los mismos problemas, las mismas ilusiones, los mismos dolores, que cualquier ciudadano, pero con la inquietud de impregnarnos del proyecto del Dios-Amor, revelado en Jesús. Oración, trabajo del evangelio, formación con la ayuda de muchos, compartir la vida -en serio-, los bienes materiales según posibilidades, los espacios que posee la Comunitat de Jesús en el pueblo de Tarrés, Lleida, implicación en compromisos sociales y con la Iglesia, sin ninguna actividad apostólica predominante.La vinculación a la comunidad nos empuja a seguir creciendo, a no acomodarnos a los reclamos del mundo, tan tentador siempre. A sentirnos familia para ofrecer familia también, con el respeto a las identidades de cada uno y a los procesos personales, que evidentemente no llevan siempre la misma velocidad. Recibimos la noticia de la próxima canonización de Carlos de Foucauld desde la alegría de formar parte de su Familia Espiritual, desde los años 80. Esta familia, para nosotros, ha sido un soporte y una riqueza inmensa. Acogemos la canonización bajo el anhelo de que sirva para inspirar a otros en una vida encarnada en la sencillez, arraigada en la profundidad del silencio, que es Palabra, en la autenticidad del Amor, que es Proyecto, desde el anonimato que convive con todos, pero enfoca directamente a los más desfavorecidos, a los últimos de los últimos, como repetía Foucauld. Murió solo, pero ha dado fruto abundante en muchos hombres y mujeres, religiosos y laicos, y seguirá siendo espejo para reflejar la esencialidad de su enamorado, Jesús, la esencialidad del pan partido y encarnado entre los más humildes y en todo ser humano.

Espiritualidad
Espiritualidad

Comunidad ecuménica Horeb

El hermano Germán, regional de la CEHCF en Brasil, nos envía un whatsaap que dice así: «Estamos muy alegres por este acontecimiento anunciador de vida, vida plena para el mundo». La canonización del hermano Carlos de Foucauld es un acontecimiento de vida para la Iglesia y el mundo porque va en la línea del papa Francisco, que en palabras del obispo Pere Casaldàliga, quiere «una Iglesia vestida de Evangelio y calzada con sanda-lias». Foucauld puede ayudar a la Iglesia de hoy a «volver a Nazaret»: Una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, acogedora, a imitación de la santa Familia de Nazaret.

La CEHCF es una unión espiritual de personas que constituyen un “monasterio invisible en la comunión de los santos”. Esta comunidad la integran personas que bajo Los consejos evangélicos o Directorio de Carlos de Foucauld, hacen el compromiso ecuménico de pedir todos los días por la unión de los cristianos y que las Iglesias, Religiones y las Naciones se dejen conducir por el Espíritu de Jesús, el Cristo.

La CEHCF fue fundada, como lugar físico de acogida y oración en 1978, por José Luis Vázquez Borau, en el Poblado de Sn Francisco de Huercal-Overa (Almería), con la bendi-ción del obispo de entonces Don Manuel Casares Hervás, y funcionó hasta 1982, que tu-vieron los hermanos y hermanas que dispersarse por diversas circunstancias. Pero en Pentecostés de 2006 la CEHCF recibió un nuevo impulso constituyéndose Fraternidades Horeb por todo el mundo.

Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld
Capilla de comunidad seguidora de Carlos de Foucauld

Fue reconocida ad experimentum como Asociación privada de fieles el 19 de junio de 2014, por el cardenal de Barcelona Mons. Luis Martinez Sistach y el 20 de junio de 2018 el Cardenal Juan José Omeya Omella, arzobispo de Barcelona, firmó el decreto de constitución definitiva de la misma como Asociación privada de fieles. El año 2020 la CEHCF ha sido acogida en la Asociación Familia Foucauld España. En la actualidad hay presencia de la CEHCF en quince países del mundo.

Fraternidad Carlos de Foucauld

Al llegarme la noticia de la Canonización del hermano Carlos de Foucauld, tuve una sensación muy dispar, de alegría, cómo no, pero al mismo tiempo de desconcierto, ¿y ahora qué?. Veníamos hablando en la Asociación de la Familia del Hermano Carlos, de esta posibilidad, especialmente desde la beatificación y siguiendo aunque de lejos los trabajos de la Comisión encargada de ese proceso. Después de la impresión inicial… Me surgía la pregunta: Carlos de Foucauld, ¿qué diría ahora?

“Si el grano de trigo no muere….”. La primera constatación es, ¿cómo un hombre que deseó ardientemente vivir su experiencia con otros hermanos, que se pasó elaborando estatutos de una Asociación que nunca fue reconocida, a su muerte ha podido generar tantos grupos y formas de vivir el seguimiento de Jesús, en el camino que éste hombre inquieto y siempre en búsqueda inició solo en el desierto?

Carlos de Foucauld, a los altares
Carlos de Foucauld, a los altares

La Fraternidad Carlos de Foucauld, Asociación de Fieles Laicas, es una de ellas, a la que pertenezco: “Está constituida por mujeres que optan por vivir el Absoluto de Dios, en el celibato, según el carisma se Carlos de Foucauld” Es en la vida cotidiana donde los miembros de la Fraternidad, viven su entrega a Dios en libre opción de trabajo, compromisos y formas de vida “. La segunda, ¿podremos sustraernos al “montaje “que toda Canonización lleva….? Seremos capaces, de vivir éste acontecimiento, como un reto para actualizar el mensaje, vivir en profundidad las intuiciones que nos enamoraron de su mensaje, en definitiva: “Volver al Evangelio, ser hermanos universales, en nuestro Nazaret de cada día. Si es así, ¡bienvenida canonización!

Fermina

Fraternidad sacerdotal Iesus Caritas

Hace unos días recibíamos la buena noticia de la próxima canonización del Hermano Carlos de Foucauld. La noticia ha llegado, curiosamente, en esta etapa de confinamiento por el coronavirus. Y, quizá, por ese motivo ha supuesto una sorpresa. Evidentemente, una sorpresa agradable. En tan pocos días no ha sido posible contactar con todos los sacerdotes de la fraternidad sacerdotal pero, el sentir general, con los que he podido compartir, es de alegría y agradecimiento.

Espiritualidad tras Carlos de Foucauld
Espiritualidad tras Carlos de Foucauld

Ese día fueron continuos los mensajes de alegría por parte de los hermanos sacerdotes, así como la comunicación de los distintos ecos que la noticia estaba provocando en la prensa. También hay que subrayar las palabras de felicitación por parte de muchos de nuestros feligreses, sabedores de que nuestra espiritualidad sacerdotal se nutre de la vida y el estilo del hermano Carlos. En este sentido, estoy convencido de que muchos de nosotros habremos recibido mensajes y llamadas de nuestras distintas comunidades parroquiales para felicitarnos. Yo puedo compartir algo de mi experiencia, en ese sentido. Alguna feligresa de mi parroquia, del centro de Valencia, nada más conocer la noticia, la puso en el grupo de whatsapp que tiene la parroquia. Inmediatamente, la comunidad empezó a manifestar su alegría por esta gran noticia, dándome la enhorabuena.

Uno intenta no “condicionar” demasiado a la gente, en sus devociones y en sus santos. Pero, es evidente que, al final, si uno vive la espiritualidad del hermano Carlos, de una forma o de otra, eso lo transmite, lo contagia. En esa reacción inmediata de los feligreses de mi parroquia entendí que, en el poco tiempo que camino con ellos, han captado cuáles son mis fuentes de espiritualidad. No se han quedado, solamente, con la felicitación. Alguien ha propuesto, con la aceptación y el aplauso de todos, que un servidor ofrezca unas charlas o un curso sobre la vida y la espiritualidad del hermano Carlos, porque lo conocen poco. Evidentemente, no puedo decir que no. Tienen derecho a conocer quién es Carlos de Foucauld y por qué la Iglesia lo considera santo.

Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld
Hermana de comunidad inspirada en Carlos de Foucauld

Yo diría, al respecto de la anécdota de mi parroquia, que la próxima canonización del hermano Carlos debe despertar, no sólo la alegría inmensa de que la Iglesia reconozca en su vida un camino de santidad sino, también, la responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos y su espiritualidad. Entre otras cosas, porque estamos convencidos de que su espiritualidad de Nazaret no es algo del pasado, sino que sigue teniendo mucha actualidad.

Nazaret proporciona un estilo de presencia y de evangelización que tiene mucho que ver con esa llamada constante y permanente del Papa Francisco a ser cristianos y comunidades “en salida”. Cuanto más profundizamos en la espiritualidad de Carlos de Foucauld más nos damos cuenta de su actualidad. Y, quizá, éste puede ser un buen momento para darla a conocer. Nosotros, como sacerdotes diocesanos; otros miembros de la familia del hermano Carlos, desde su carisma. No cabe duda de que, durante mucho tiempo, hemos sido parcos o tímidos a la hora de hablar del hermano Carlos. Al menos, a mí me lo ha parecido. Pero, si estamos convencidos de que su espiritualidad tiene algo o mucho que aportar a la Iglesia y al mundo de hoy, no podemos privar al Pueblo de Dios, de la vida y el testimonio de un santo que supo encarnar el evangelio, a Jesús mismo, en un contexto difícil, adverso. Su estilo tiene mucho que aportar a la Iglesia de hoy. Como sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, no podemos sino alegrarnos de la noticia, dar gracias a Dios, y traducir nuestra alegría y agradecimiento, no sólo en un estilo de vida, sino en un modo de hacer llegar a nuestra gente la vida y el testimonio del hermano Carlos. Ojalá acertemos. Un fuerte abrazo y felicidades a toda la Familia de Carlos de Foucauld.

Aquilino Martínez

“La responsabilidad, como sacerdotes diocesanos, de dar a conocer a nuestra gente, a nuestras comunidades, a las personas que servimos y acompañamos, al hermano Carlos”

Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia

“Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él”. Ese es el absoluto que descubre el hermano Carlos. Y que sitúa a todo lo demás y a cada persona, como criatura. Y nos ayuda a no asumir protagonismos que no nos corresponden. De ahí el abandono, la adoración, la acción de gracias, el último lugar. Su profetismo nace de ese descubrimiento del Amor de Dios que le lleva al apostolado de la amistad, a Nazaret.

Fue testigo del amor de Dios y su muerte tal vez se debió al miedo y la confusión de un joven… No la entregó en defensa de su fe. Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo. Los milagros pueden parecer un “poner a prueba” a Dios. Tal vez sea momento de revisarlo. Pero agradecemos sus intuiciones y testimonio, que nos ha abierto caminos de conversión y de vida fraterna.

Como parte de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld de Valencia quiero destacar su figura como una persona que supo ser profeta sin pretenderlo, legándonos una espiritualidad basada en el abandono propio y aceptación de un Dios que es visible y cercano en todas las criaturas que habitan nuestro mundo. Y no pretendo representar a la totalidad sino mostrar el testimonio agradecido de esa riqueza en la diversidad que representa la Fraternidad.

“Muchos de sus escritos no resisten el paso del tiempo. Como tampoco la forma en que la Iglesia dictamina quién es santo”

Desde lo cotidiano nos sentimos llamadas a recrear la Iglesia con sus grandes y pequeñas contradicciones. Porque nos sabemos acompañadas por esa multitud de testimonios de vida, comunión de santas que ejerciendo su libertad, han hecho crecer el Reino encarnando el Evangelio. Agradecemos al Hermano Carlos y a todas las personas que acogieron la Fraternidad Universal. Es vía para saberse hermana e hija, para compartir con quien sabemos que nos ama y afrontar así nuestras miserias y limitaciones, como personas y como sociedad. Nos despierta a la presencia en lo cotidiano, en la bondad pequeña, en las relaciones, en la acción política y sindical. Nos lleva a la creatividad para encarnar la Palabra, al encuentro en la amistad y la fraternidad como espacio de lucha personal por la coherencia. A la Eucaristía, acción de gracias y alimento, en la que compartimos la vida y nos abrimos al Espíritu. A vivir en los márgenes, situarnos en la periferia, acompañadas por el respeto, la libertad y el cariño. Nos alegramos que las intuiciones del Hermano Carlos sean compartidas y valoradas aunque su canonización no añade nada a nuestra experiencia de fe. Nos gustaría alimentar gestos plenos de significado y esperanza para esta sociedad del siglo XXI, que dieran testimonio de esa lectura del Evangelio encarnada en la vida, que es la fe cristiana. Queremos manifestar que nos sentimos agradecidas porque su vida y la obra que nos legó nos sirven como guía en nuestro camino como personas a las que un día sedujo el evangelio de Jesús de Nazaret.

Isabel Zacarés Escrivà

Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld
Espiritualidad, tras la estela de C. de Foucauld

Hermanitas de Jesús

Me han pedido un pequeño escrito en nombre de las Hermanitas de Jesús, pero no es esta mi intención, porque creo que hay tantas maneras de reaccionar a la noticia de la canonización del Hermano Carlos como Hermanitas existen en el mundo… Voy a hablar por mí. Estoy en la Fraternidad hace muchos años, desde el pos-Concilio, y lo que me atrajo fue la figura de Carlos de Foucauld, tal como la descubrí en algunos libros y en el testimonio de unas hermanitas que conocí por casualidad. Estaba enamorada de la persona de Jesús y deseaba seguirle en la vida religiosa, pero no sabía dónde… Al conocer al Hermano Carlos intuí que había en él una trayectoria de verdad evangélica, de las bienaventuranzas, donde la contemplación de la Encarnación me llevaba de la mano a compartir mi suerte con la de los más pobres y marginados. Y esto me pareció concretizar de manera bien clara las orientaciones que acabábamos de recibir del Concilio Vaticano II.

Por esto me decidí por la Fraternidad. Mi vida ha sido de altos y bajos, con mucha fragilidad y bastantes huidas, pero con la presencia (muchas veces apenas presentida) de este Jesús descubierto en la juventud, y que ha continuado acompañándome por los caminos del mundo.

Hoy Carlos de Foucauld es reconocido “santo” oficialmente por la Iglesia. ¡No es que no lo fuera ya! A mí casi me gusta más como “santo de la puerta de al lado” que como “santo en los altares”… Las canonizaciones en general me dejan un poco fría. Pero me sorprendo a mí misma alegrándome de verdad con esta celebración, por lo que el “nuevo santo” representa:

Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld
Vida comunitaria inspirada en las enseñanzas de C. de Foucauld

Creo que es muy importante para toda la Iglesia actual, tan amenazada de retrocesos y de cierre sobre sí misma, que se reconozca en Carlos de Foucauld uno de los paradigmas de una nueva forma de situarnos como discípulos y discípulas de Jesús en este cambio de época: maravillado por la cercanía de Dios, por lo concreto de la Encarnación (Nazaret), precursor de una nueva forma de evangelización por la presencia y la amistad, tejedor de relaciones impregnadas de un profundo respeto por cada ser humano, de cualquier pueblo, cultura, religión… En resumen: un hombre clave.

Josefa Falgueras

Hermanos del Evangelio

Como congregaciones religiosas bebemos de la intuiciones de Carlos de Foucauld que se inspiran en la vida de Jesús en Nazaret. En ese pueblo perdido de Galilea Jesús creció y pasó la mayor parte de su vida y estamos seguros que esto marcó profundamente su manera de actuar y anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Nuestra vocación está marcada por la amistad y el compartir la vida de la gente sencilla, en el trabajo, en el barrio, en sus luchas y alegrías, en sus penas y debilidades… Esa vivencia atraviesa y marca nuestra oración. A través de ese estilo de “Nazaret”, desde lo cotidiano, desde lo sencillo y pequeño, muchas veces aparentemente inútil y poco relevante, esperamos que pueda traslucirse ese gran amor que Dios nos tiene a toda la humanidad.

Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos. El revuelo y el boato que suelen acompañar estos acontecimientos no están en nuestra genética. Más bien tenemos una tendencia innata a huir de ello.

La noticia de la próxima canonización nos llena de alegría, porque estamos convencidos que las intuiciones del hermano Carlos, su modo de relacionarse con su “bien amado hermano y Señor Jesús”, su manera de vivir el “apostolado de la bondad”, son una verdadera riqueza para nuestro tiempo. En una época de cierta globalización por un lado y un peligro de repliegue sobre sí mismo por otro, Carlos, el hermano universal, nos invita a ser hermano de todos y todas, sin distinción… En tiempos saturados de ruidos y palabras, de ídolos y estrellas, Carlos nos invita a redescubrir la importancia de lo pequeño, la sencillez, lo silencioso… En las tensiones que surgen a veces entre las religiones el camino de Carlos -que recuperó la fe de su infancia gracias a la impresión que le causó la fe en el mundo musulmán- nos abre al respeto mutuo en el diálogo interreligioso…

“Sinceramente, la mayoría de los hermanos de Jesús y del Evangelio apenas hemos apoyado la causa de la canonización del hermanos Carlos”

¿Es el momento del anuncio de su canonización una casualidad? Durante esos meses de pandemia, muchos creyentes nos hemos quedado sin poder asistir físicamente a la eucaristía. Carlos, en su empeño de ir hacia los más pobres y alejados, se puso en tal situación que durante meses estuvo privado de poder celebrar la misa… ¡Curiosa coincidencia!

La frase del Evangelio que más sacudió mi vida es ésta: ‘Lo que hacen al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen’ (Mateo 25,40). Y cuando se piensa que es la misma persona la que dijo: ‘Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre’, con qué fuerza se siente uno impulsado a amar a Jesús en estos pequeños (Carlos de Foucauld)

JuanFamilia Carlos de Foucauld

Oración del hermano Carlo Carretto a Dios Padre

Aquí está la Oración “Vivir con Dios como dos esposos que se cuentan todo y son felices” del hermano Carlo Carretto (1910-1988), presidente de la Acción Católica Italiana que cofundó con el mismo espíritu que Carlos de Foucauld en 1956 los “Pequeños Hermanos del Evangelio ” y autor de Cartas desde el desierto”.

La oración del hermano Carlo Carretto “Vivir con Dios como dos esposos que se cuentan todo y son felices”:

“Dios era el Camino. Me tomó de la mano y me mostró el camino. ¡Cuántas veces he podido comprobar que era Dios tomándome de la mano! Estuve tentado a pensar que era yo quien estaba guiando mis pasos, pero había muchas oportunidades para experimentar que Dios me estaba guiando y que sin Él habría vuelto a caer en la nada. Cuanto más me alejaba, más discretos se volvían Sus toques. Habría pensado que me estaba enseñando sobre la libertad y quería que aprendiera a caminar por mi cuenta. Entonces era yo quien tenía miedo y lo buscaba porque, solo, caminaba mal y la noche se oscurecía. Pero la fe me ha enseñado a caminar en su compañía, a tomar decisiones con él, a vivir verdaderamente con él, como dos esposos que se cuentan todo y son felices. ¡Qué dulce es confiar en el Señor! ¡Qué paz para el corazón sentirlo presente en el hueco de toda vida! ¡Qué fuerte me siento cuando confío en Él completamente! Amén. “

Carlo Carretto (1910-1988)

Carlos de Foucauld un guía en nuestros desiertos

Carlos Eugenio de Foucauld (1858-1916), oficial, explorador y religioso. En Tamanrasset, ante su primera capilla. Tamanrasset, ALGERIA – v.1905.


¿Qué podemos retener hoy de la vida de Charles de Foucauld y su “apostolado de la bondad”? François Vayne, periodista y escritor, da testimonio de su relación personal con este ex soldado que se convirtió en explorador, luego ermitaño y artesano del diálogo islámico-cristiano.
François Vayne, periodista y escritor

Publicado el 30/05/2020 en La Vie.


Un poco antes de la fiesta de Pentecostés, nos enteramos de la próxima canonización del Beato Carlos de Foucauld, “confesor de la fe”, tras el reconocimiento de un milagro obtenido por su intercesión. Al mismo tiempo que este anuncio, la Sala de Prensa de la Santa Sede dio a conocer que Pauline Jaricot podría ser beatificada. Estas dos grandes figuras católicas francesas, el oficial libertino que se convirtió en ermitaño silencioso en el Sahara y el fundador laico de la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe, parecen a primera vista oponerse en su concepción de la misión. En realidad, se unen por su común deseo de llevar el Evangelio a partir de la espiritualidad del Corazón de Jesús, lejos de ciertos modelos clericales en boga en el siglo XIX. Los “Reparadores del Corazón incomprendido y despreciado de Jesús”, fundado por Pauline Jaricot, como la “Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús”, que Charles de Foucauld hubiera querido ver desarrollarse durante su vida, anunciaron la convocatoria santidad universal lanzada por el Concilio Vaticano II, este “nuevo Pentecostés” que devolvió a los fieles laicos su dignidad de bautizados responsables del testimonio del Evangelio en la vida cotidiana. Si en Pentecostés Jesús desaparece de nuestros ojos, ¿no es para que seamos su corazón y su rostro, su presencia en la sociedad, como pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo?

Esto es lo que el símbolo del Corazón y la Cruz de Jesús, lucido por el padre de Foucauld en su hábito religioso, quiso significar con anticipación. El beato y futuro santo da así su verdadero significado a este símbolo bordado a veces en banderas francesas para apoyar causas políticas nacionales. En lugar de ondear el Sagrado Corazón en estandartes, ¿no es más importante vestirse con él interna y espiritualmente? Esto es lo que aprendí durante mi juventud argelina, en la escuela del “hermano universal”, pocos años después de los conciertos de trompeta para la Argelia francesa.

Su canonización consagrará este modelo evangélico que bien podría transformar el perfil de la Iglesia católica en los próximos años, como en la época de San Francisco.
Nacido de un padre desconocido al final de la guerra de Argelia, estoy muy vinculado espiritualmente a Charles de Foucauld: él es mi guía y mi protector. Cuando todavía era un niño en Argel, mi madre me regaló una foto de él, en la parte posterior de la cual mi padre invisible, que se fue a Francia, había escrito estas palabras: “Él te protegerá y te amará por mí”. Es aún más importante en mi vida que, habiendo crecido en la pequeña comunidad cristiana de Argel, después de la independencia, he escuchado a menudo el ejemplo del “hermano Charles” mencionado en relación con nuestras relaciones con nuestros amigos musulmanes. Para nosotros, él ya es santo desde hace mucho tiempo. Malentendidos de índole política, en relación con la colonización, parecían haber pospuesto sine die su canonización. La Santa Sede probablemente no quiso causar malentendidos con el gobierno argelino. El testimonio de los 19 benditos mártires de Argelia, que derramaron su sangre junto a muchos musulmanes víctimas de la violencia durante la década negra de la guerra civil, sin duda habrá arrojado luz sobre el mensaje fraterno de Charles de Foucauld que reivindicaron. todos cerca y lejos, mis amigos de Tibhirine en particular. Christian de Chergé firmó su célebre testamento el 1 de diciembre, aniversario de la muerte violenta de Charles de Foucauld.

Menos de diez años después de la serie de asesinatos de religiosos en Argelia, el hermano Carlos fue beatificado en Roma el 13 de noviembre de 2005. Esta celebración en la que tuve el placer de participar destacó un estilo profético de vida cristiana. desnudo, radiante, que hace de la religión un amor. Su canonización consagrará este modelo evangélico que bien podría transformar el perfil de la Iglesia católica en los próximos años, como en la época de San Francisco. El apostolado de la bondad, el abandono espiritual y la presencia discreta entre los pequeños, son los tres secretos, creo, de esta renovación eclesial “foucauldiana” que se ofrece, como oportunidad actual, a la institución clerical romana.
Al contemplar, en mi adolescencia, los seis exvotos que dejó Charles de Foucauld en el santuario de Nuestra Señora de África, que domina la bahía de Argel, admiré las etapas de su vida misionera. “Mi apostolado debe ser el de la bondad”, dijo el ex oficial de caballería entrenado en Saumur, que luchó con sables la rebelión de Sheikh Bouamana contra la presencia colonial, en el sur de Orán, con el futuro general Lapperine. El arma de Dios es, por tanto, su bondad, comprendió a partir de la lectura del Evangelio, habiendo dejado el ejército para convertirse en explorador de Marruecos, luego en trapense y finalmente en ermitaño en medio de los tuareg, artesano del diálogo islámico. -Cristiano. Tres años en Nazaret le habían familiarizado con la ternura de Jesús y quería “gritar el Evangelio de vida”, tejiendo con cada uno relaciones de amistad, como lo hizo en particular en Tamanrasset con amenokal, Moussa. Ag Amastan, jefe de una confederación tuareg. Ya no pensaba en convertir, sino en amar. “Estoy seguro de que el buen Dios dará la bienvenida al cielo a los que fueron buenos y honestos sin ser católicos“, escribió sobre los musulmanes que lo rodearon, sin ningún motivo ulterior de proselitismo, precursor en este Concilio Vaticano II y su documento más famoso sobre libertad religiosa, Dignitatis Humanæ. “No se trataba de predicar, sino de ser a la manera de Cristo“, me explicó uno de sus discípulos, el padre René Voillaume, durante su última entrevista, que me concedió en abril de 1999 para el diario La Croix.

Estoy seguro de que el buen Dios dará la bienvenida al cielo a aquellos que fueron buenos y honestos sin ser católicos romanos. (Carlos de Foucauld)

Carlos de Foucauld puso su apostolado de bondad bajo el signo del Corazón de Jesús, recibiendo allí con amor filial su confianza en la paternidad divina, fuente inagotable de fraternidad universal. “Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos a que me consideren su hermano“, le escribió a su prima Marie de Bondy, practicando una espiritualidad de entrega a la voluntad del Padre Celestial, a imitación de Jesucristo. Esta espiritualidad se profundizó en su ermita de Assekrem, en el sur de Argelia, cuando fue salvado del hambre por los tuareg que le trajeron leche de oveja en 1908. Se ofreció como pobre a Dios en completa entrega de sí mismo. “Padre mío, me entrego a ti. Haz lo que quieras conmigo. Hagas lo que hagas conmigo, gracias. Estoy dispuesto a todo, acepto todo, siempre y cuando se haga tu voluntad en mí, en todas tus criaturas, no quiero nada más mi Dios pongo mi alma en tus manos, te la doy mi Dios .. . ”Con unos doce años, balbuceé por primera vez su Oración del Abandono aprendida de memoria, en medio de las dunas de arena. Fue en El-Goléa, con mi madre y algunos de sus amigos, frente a la tumba del hermano Carlos. Allí, un niño rubio perdido en la inmensidad sahariana, entendí que tenía un padre que me amaba desde toda la eternidad, recibí el corazón de un hijo en el Hijo para ser mi hermano para todos. En el desierto había escuchado al Señor decirme también: “Tú eres mi hijo; hoy te he engendrado ”(Sal 2, 17).

Después de haber trabajado en Roma durante siete años, me gusta ir a rezar con las Hermanitas de Jesús, en Tre Fontane, frente al altar eucarístico del Padre de Foucauld, reservado con amor por ellas. Esta reliquia evoca el tercer secreto del hermano Carlos, después del Evangelio y del Sagrado Corazón: el Santo Rostro de Jesús. Símbolo del Verbo Encarnado, lo adoró internamente en el sacramento de la Eucaristía, don que Jesús hizo de sí mismo y que nos revela el amor infinito de su Padre por cada ser humano. Conmovido profundamente por estas palabras de Cristo puestas en relación, “Todo lo que le haces a uno de estos pequeños, es a mí a quien lo haces” y “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre“, dijo. Buscó y amó a Jesús en los pequeños, en el fondo de esta Amazonía del norte de África que era para él la región bereber del Sahel. Al no poder celebrar la Misa durante meses, porque la regla exigía que el sacerdote tuviera un monaguillo, creía intensamente en el resplandor de la presencia eucarística que santifica misteriosamente a los que viven cerca.

La única partícula de nobleza que le importa a un cristiano, ¿no es la de la santidad diaria? ()Carlos de Foucauld)
Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por la adoración, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís, Bernadette de Lourdes, Ignace de Loyola o Thérèse de Lisieux … La partícula de la única nobleza que cuenta para cristiano, ¿no es el de la santidad diaria?

Murió a la edad de 58 años el 1 de diciembre de 1916, asesinado por rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, nos recuerda que la ofrenda de nuestra vida a Dios es la única forma de dar fruto, según la parábola del Evangelio, como el grano de trigo que cae en tierra. Además, puede ayudarnos a sentir la urgencia de un despojo de uno mismo, de una purificación del culto y de un retorno al Evangelio, para dar testimonio en silencio en el corazón de nuestros desiertos, en la sociedad secularizada. donde estamos inmersos. Su canonización será una promesa en este sentido para toda la Iglesia.

¿Qué fuiste a ver al desierto? Por Carlos de Foucauld

Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios:

es en el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios, y donde se vacía completamente la casita de nuestra alma para dejar todo el sitio a Dios solo.

Los hebreos pasaron por el desierto, Moisés vivió en él antes de recibir su misión, san Pablo al salir de Damasco fue a pasar tres años en Arabia, vuestro patrón San Jerónimo y San Juan Crisóstomo se prepararon también en el desierto.

Es indispensable.

Es un tiempo de gracia.

Es un período por el que tiene que pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto;

es necesario este silencio, este recogimiento, este olvido de todo lo creado, en medio de los cuales Dios establece en el alma su reino, y forma en ella el espíritu interior, la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad.

[…] y es en la soledad, en esta vida a solas con solo Dios, en el recogimiento profundo del alma que olvida todo lo creado para vivir sólo en unión con Dios, donde Dios se da todo entero a quien se da todo entero a Él+.[…]

Carta al P. Jerónimo. [Nazaret] Lunes después de la Ascensión [19 mayo 1898].

“Carlos de Foucauld puede inspirar al mundo”, dice el obispo Jonh MacWilliam, obispo de Laghouat, Argelia


El ejemplo y la espiritualidad de Carlos de Foucault “podría inspirar a más personas”, dijo el obispo Jonh MacWilliam, obispo de Laghouat, Argelia. Evoca la futura canonización de Charles de Foucault.

Obispo John MacWilliam

¿Qué representa para ti la perspectiva de la canonización de Charles de Foucauld en tu situación actual?
Monseñor Jonh MacWilliam: Charles de Foucauld vivió los últimos 15 años de su vida aquí en el Sahara, en Beni Abbès, en Tamanrasset y un poco en Assekrem. Posteriormente fue enterrado en El Golea. Durante casi cien años, la Iglesia misionera en el Sahara ha experimentado gran parte de la sencillez y la fraternidad que caracterizaron al “hermano universal”. Hasta ahora, es conocido en el mundo francófono, especialmente en su Francia natal. Convertido en “santo” de la Iglesia universal, será más conocido en todo el mundo; su ejemplo y su espiritualidad de Nazaret y el Sahara podrían inspirar a más personas del mundo.

Charles de Foucauld no siempre tuvo una vida ejemplar. No era perfecto; ¿Cómo, en tu opinión, puede ser una figura de santidad?
Como san Pablo, como san Agustín y como santo Tomás Becket entre muchos, Carlos de Foucauld pasó por una conversión que le permitió abandonar su pasado para abandonarse a Dios nuestro Padre. La santidad no es la perfección de toda la vida. Nuestro santo patrón del desierto, Juan el Bautista, nos llamó a la conversión, ¿verdad?

¿Cómo puede la canonización de Charles de Foucauld (o no) servir al diálogo con los musulmanes?
En Argelia, el “diálogo” entre la mayoría de musulmanes y cristianos tiene lugar a través de un encuentro de vida. Cada uno reconoce en el otro una persona o una comunidad que reza a Dios, que busca hacer la voluntad de Dios tal como la entiende, que se preocupa por los más pobres y los “pequeños del mundo”. Esto es precisamente por lo que pasó Charles de Foucauld. Nuestras comunidades que acogen a sus vecinos en los cuatro lugares sagrados del ‘hermano Carlos’ dan testimonio de ello.

© Centre catholique des médias Cath-Info, 08.06.2020

Charles de Foucault, inspirador de Madeleine Delbrêl

La Croix
Madeleine Delbrêl, discípula de Charles de Foucauld,
por Bernard Pitaud,
Salvator, 2019, 144 p.

Aunque sus antecedentes y su vida diferían notablemente, el ermitaño de Hoggar fue una importante fuente de inspiración para esta trabajadora social de la clase trabajadora.

Últimamente, el señor Pitaud nos había acostumbrado a trabajos voluminosos, ya sea su biografía de Jean-Jacques Olier (2017, 496 páginas) o su estudio de los seminarios sulpicianos del siglo XVII (2018, 450 páginas). Este sacerdote sulpiciano, ahora de ochenta años, superior de varios seminarios y provincial de Francia de la Compañía a la que pertenece, conoce muy bien a Madeleine Delbrêl (1904-1964), sobre la que ya ha escrito mucho. Hoy publica un libro, muy pequeño pero sin embargo muy interesante, sobre la influencia que tuvo Charles de Foucauld (1858-1916) en el apóstol de Ivry-sur-Seine, y está bastante claro ¡que la influencia solo pudo haber tenido lugar en una dirección ya que Madeleine tenía solo doce años cuando Charles fue asesinado en Tamanrasset!

“El último lugar”
Para Pitaud, el ermitaño de Hoggar fue una importante fuente de inspiración para el trabajador social de la clase trabajadora, incluso si sus antecedentes, tanto de origen como de vida, diferían significativamente. Pero, desde su introducción, nuestro autor ve dos similitudes entre ellos: el gusto por la conversación, el libre encuentro con el otro, quienquiera que sea y, también, el desierto, o en todo caso el lugar desconocido de la vida. , incluso hostil.

Por otro lado, la fundadora de Les Équipes, aunque muy prolija, ha hablado muy poco de Frères Charles en sus escritos. Bernard Pitaud analiza aquí, por tanto, con la precisión y el discernimiento que le son propios, los dos únicos textos conocidos que Madeleine Delbrêl dedicó a su glorioso predecesor.

El primero es un artículo, elaborado, publicado en La vie spirituelle en 1946 junto con otros dos, de la pluma de dos herederos directos: el padre René Voillaume (1905-2003) y la Hermanita Magdeleine de Jesús (1898-1989). “En su artículo, Madeleine retuvo seis puntos que son las seis razones por las que ella y sus compañeros aman al padre de Foucauld”.

Los títulos de los seis capítulos retoman expresiones queridas por el Hermano Carlos, aquí están: “En pura pérdida de uno mismo” – “El Hermano Universal” – “El corazón plantado con una cruz” y Magdalena meditará sobre “la importancia de la cruz querida, buscada ”-“ Anunciar el Evangelio por mi vida ”-“ Dios con nosotros ”, y es una reflexión sobre la Eucaristía, más especialmente la adoración eucarística, que fue tan importante para Carlos en medio de los Tuaregs! – finalmente, “El último lugar”. En este último apartado, el Padre Pitaud se expresa así: “La búsqueda del último lugar es, según Madeleine Delbrêl, el medio de ser recibido en la intimidad de Cristo, ya que es Cristo quien lo ocupa. . El último lugar es el lugar donde se encuentra Cristo. Si queremos vivir con él, tenemos que unirnos a él. Y para eso hay que abandonar lo que es la búsqueda del prestigio, cualquier “tendencia a la cartelera”, es decir todo lo que va en dirección a la apariencia, a la notoriedad, a la consideración “.

De la conversión a la imitación
El segundo texto está compuesto por las notas que había tomado Madeleine Delbrêl para dar una conferencia a Rambouillet en 1950 que quería retratar el camino espiritual de Foucauld. “Lo primero es la conversión. Y en este punto, ella sabe de qué está hablando ”, apunta Pitaud con su buen humor. Y, luego, “pasa a la necesidad de imitación que despierta al mismo tiempo que el amor de Jesucristo en el Padre de Foucauld”. Finalmente, otra fuerte lección que, a mediados del siglo XX, la mujer madura recibe de su hijo mayor: “El Evangelio no es un libro de estudios históricos: es el rostro de Cristo para ser reproducido, sus mandamientos deben ser tomados literalmente y cumplirlos ”!

David Roure

Carlos de Foucauld o la bondad desarmada

Última fotografía en vida de Charles de Foucauld

Felisa Elizondo
Cristianismo y Justicia


Este otoño, con motivo de su canonización, redescubriremos en la fachada de la basílica de San Pedro la mirada del hermano Carlos, la cual en las últimas fotografías transparenta la ternura con que contempló a sus vecinos touaregs y el desierto pedregoso que rodea Tamanrasset , su también último paisaje. Allí, en la puerta de su refugio, quedó el cuerpo del que quiso ser hermano de todos, atravesado por un disparo. Y semienterrado en la arena, el ostensorio simple ante el que había pasado noches enteras. Era el 1 de diciembre de 1916.

Hemos comenzado por hablar de su muerte a los 58 años en una soledad difícil de imaginar (que hoy por hoy los reportajes nos ayudan a imaginar) y es inevitable advertir el contraste entre la figura blanca de un ermitaño pobre, prematuramente envejecido, como es la del hermano Carlos, con el aspecto de un joven oficial del ejército francés que aparece en retratos de juventud. Un militar de quien los informes no siempre se referían con tonos elogiosos, dado que su conducta no fue siempre la esperada en un “hombre de honor”. Entre unas y otras imágenes median decisiones que siguen llamando la atención cuando se lee alguna de las excelentes biografías accesibles.

Porque en la vida de este explorador nato, subyugado por la inmensidad del desierto, no faltaron irregularidades al tiempo que realizaba auténticas proezas y se adentraba en viajes aventurados por un Marruecos poco conocido y una tormentosa Argelia, entonces bajo dominio francés . Pero es inevitable también sorprenderse ante la radicalidad de su conversión y su búsqueda sin descanso de lo que entendía requerido por el amor de Alguien cuyo nombre ha dejado escrito con trazos típicos: “Jesus-Caritas”.

Nacido en Estrasburgo en 1858 Eugène-Charles de Foucauld, en una familia de nobleza antigua, perdió muy pronto a sus padres y quedó al cuidado de su abuelo, que tuvo que trasladarse por causa de la guerra franco, pero procuró que quien debía heredar el título y las propiedades tuviera una educación adecuada a su rango, además de una cierta iniciación cristiana al estilo de su siglo. Secundando los deseos de su abuelo, ingresó en 1876 en la prestigiosa Academia de San Cyr. Era el comienzo de una carrera prometedora, aunque las calificaciones obtenidas en los años sucesivos no lo muestran precisamente como un alumno brillante, sino más bien dado a formas de diversión en que gastaba despreocupadamente con sus compañeros los bienes heredados a la muerte de su abuelo, por quien había sentido un gran afecto.

En su expediente han quedado registradas algunas dificultades que tuvo con la disciplina militar. Así, sabemos que enviado como oficial en 1880 a Sétif (Argelia), fue despedido pronto por “notoria mala conducta”, aunque poco después reincorporado para participar en la guerra contra el jeque Bouamama. Pero también hay constancia de que el joven vizconde de Foucauld, de carácter inquieto, en 1882 se embarcó en la empresa de explorar el entonces poco conocido Marruecos, haciéndose pasar por judío para no despertar la hostilidad de los nativos, pero la calidad de su trabajo de reconocimiento de ese territorio africano le valió nada menos que la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París y la publicación de su libro Reconnaissance au Maroc (1883-1884), que le valió un nombre entre los estudiosos.

Una conversión no tan repentina

En Marruecos quedó impactado por la fe de los musulmanes: “el islam me produjo una impresión profunda. La vista de aquella fe, de aquellas almas que vivían en la presencia continua de Dios, me hizo entrever algo un poco más grande y más verdadera que las ocupaciones mundanas: Ad maiora nati sumus “, escribe en recordarlo.

De vuelta a París, reapareció en él la inquietud, que era un rasgo saliente de su espíritu aventurero y, sobre todo, la pregunta por el sentido de su vida: “Mi corazón y mi espíritu -anota el 1886- seguían lejos de Vos (…) pero … Vos habías roto los obstáculos, reblandecido el alma y preparado la tierra, quemando las espinas y la maleza“. La soledad de un apartamento en aquella ciudad que ahora le resultaba “extraña” y el reencuentro con su prima Marie de Bondy, una de las personas más apreciadas y admiradas por él desde que era un niño, fueron factores decisivos en su acercamiento a la Iglesia. Sentía que, en contacto con ella, la fe de la infancia apuntaba de alguna manera, y comenzó a repetir a modo de súplica espontánea: “Dios mío, si existes, haz que yo te conozca“, mientras entraba y salía de alguna iglesia. Charles contó hasta el final de sus días con el apoyo -también material- y el consejo de esta mujer, a la que confió en sus muchas cartas, con la mayor sinceridad, sus investigaciones y vivencias.

Fue Marie quien le presentó el abad Huvelin

Entre los relatos de conversiones de finales del XIX y la primera mitad de siglo XX se suele colocar el encuentro en la iglesia de Saint Augustin y la confesión de Carlos de Foucauld con este sacerdote, que le dio también la comunión y ser en adelante un verdadero guía en su camino de fe. Era el 29 o 30 de octubre de 1886. El pasado quedó muy atrás cuando entendió que, “una vez conocida la existencia de Dios, ya no podría vivir sino para Él“, según sus propias palabras.

Oyó decir también al P. Huvelin una frase que se le grabó a fuego y marcó sus decisiones ulteriores: “Nuestro Señor tomó el último lugar, que nadie pudo arrebatarle“. Así, desde el principio, conversión y vocación se sueldan. El desordenado lector de autores ajenos a la fe comenzó a dedicar toda su atención a la lectura y meditación de los Evangelios y en algunos tratados de vida cristiana conocidos en la Francia de su tiempo.

Nazaret: punto de partida

En 1888 (el mismo año en que Teresa de Lisieux ingresó en el Carmelo) peregrinó a Tierra Santa para rastrear en él las huellas de Jesús de Nazaret. Hizo cesión del título y los bienes a favor de su hermana y, tras una dolorosa despedida de sus cuyo en sus cartas habla como de un sacrificio terrible – “sacrificio que, al parecer, me costó todas mis lágrimas, ya que desde entonces, desde ese día ya no lloro … “- entró en la Trapa de Notre Dame des Neiges. De esta pasó, siempre en el intento de seguir el Nazareno en la mayor pobreza, a la de Akbès, en Siria, entonces bajo el Imperio otomano, donde vivió varios años.

Allí encontró la ayuda de buenos maestros de la vida monástica y leyó las obra de Santa Teresa, de las que ha dejado copiados cuidadosamente, con su letra diminuta, unos cuantos textos, Hasta el punto de que J.F. Six, uno de los que ha estudiado con dedicación su itinerario, habla con este propósito de “una influencia directa y absolutamente predominante que rodea toda la vida espiritual de Charles de Foucauld“. Para que una y otra se muestran fuertemente atraídos por la presencia amiga de Jesucristo.

Pero siendo Akbés, a distancia de su país de origen y “bajo otro cielo”, la visión de la pobreza de la gente que rodeaban la ya de por sí austera Trapa, lo lleva a soñar con otras posibilidades de seguir más radicalmente Jesús, y compone incluso una Regla para una fundación que quisiera que fuera de verdad “socialmente pobre”. Un sueño este de imitar más de cerca el Maestro, que duró tanto como su vida.

Así, sin parar en una búsqueda que no parece cesar en su trayectoria, abandona su pertenencia a la Trapa, aunque la despedida le resultó nuevamente algo muy costosa. Y en 1897 vuelve a Tierra Santa donde, acogido al monasterio de clarisas de Nazaret, ensaya una forma de vida eremítica en la que era posible realizar su ideal de pobreza, que reúne el trabajo humilde y la adoración eucarística, la que hoy es reconocida como una forma de vida típicamente suya: oculta, hecha de contemplación y de trabajo manual. Una vida silenciosa que irradia con su testimonio.

En Nazaret redacta la Regla que desea para los que llamará “ermitaños del Sagrado Corazón” y él mismo firma como “fray Carlos de Jesús”, consciente de lo que implica este nuevo nombre. En el rincón que le ceden las religiosas, adora y medita largamente los pasajes bíblicos y se detiene en los de la vida de Jesús. Lee autores de la tradición como el Crisóstomo y, sobre todo, los místicos. Allí, entre 1897 y 1900, escribió muchas páginas con meditaciones que se consideran fundamentales para conocer su vivencia espiritual, como la reflexión en la que se inscribe la conocida Oración de abandono.

Padre me pongo en tus manos …

A propósito de este oración, una de las más bellas de siglo XX y ampliamente divulgada, a veces en forma más breve, sabemos que se encuadra en las meditaciones de los Evangelios que Carlos de Foucauld escribió en la Trapa de Akbés (Siria) (1890 -1896). Al comentar las últimas palabras de Jesús: “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46), escribe:

“Esta es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Amado … Pueda ser nuestra … Y que ella sea, no sólo la de nuestro último instante, sino la de todos nuestros momentos”.

Y a continuación:

“Padre mío, me entrego en sus manos;

Padre mío, me abandono a Ti;

Padre, Padre mío, haz de mí lo que quieras;

sea ​​lo que haga de mí, se lo agradezco;

gracias de todo, estoy dispuesto a todo;

lo acepto todo; os agradezco todo;

para que tu voluntad se haga en mí, Dios mío;

para que tu voluntad se haga en todas sus criaturas,

en todos tus hijos, en todos aquellos que su corazón ama,

no deseo nada más Dios mío;

en sus manos entrego mi alma;

os la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón,

porque te amo y porque esto es para mí una necesidad de amor:

darme, entregarme en sus manos sin medida;

me entrego en sus manos con infinita confianza,

ya que Tú eres mi Padre … “.

(Escritos espirituales, Ed. Studium, Madrid 1958, 32).

En el Sahara y con los tuaregs

Sólo después de superar una resistencia al cambio de estatus que implicaría ser sacerdote, aceptó realizar estudios de teología en Roma y fue ordenado sacerdote en la diócesis de Viviers (Francia) en junio de 1901. La voluntad de servir fue factor decisivo en la aceptación. Y comenzó esta tarea a Béni Abbès, un enclave del ejército francés en pleno Sahara argelino, donde pudo advertir y denunciar aspectos deplorables de la colonización, como la que llamó “la monstruosidad de la esclavitud”. Esta constatación le indujo a seguir nuevamente la llamada a estar entre “los últimos” y ocupar “el último lugar”. Sin contar con seguidores -su sueño de crear alguna forma de unión que compartiera su ideal misionero era persistent- desarrolló con los bereberes una forma de evangelización silenciosa, basado en el compartir su vida, en el despliegue de bondad y en el ejemplo de una vida humilde y desinteresa.

Si al entrar en la Trapa había hecho cesión de sus bienes, también presentó su cese en el ejército francés y en la Sociedad Geográfica que le había dado fama entre los especialistas. Despojado de todo y sin llegar a encontrar compañeros para sus proyectos, acometió una última travesía hasta llegar en 1906 las montañas del Hoggar, donde encontró juntas la soledad del desierto y la posibilidad de “hacerse hermano” sirviendo gentes endurecidas y difícilmente abordables, como eran los tuaregs.

En medio de parajes desérticos, de una aridez extrema y asolados por un viento también extremo, estudió la cultura y la lengua targui, la de aquellas tribus nómadas, durante más de doce años y compuso el primer diccionario tuareg-francés. Un obra de investigador que constituye hasta ahora mismo una referencia fundamental.

Sin otro éxito que el recuento de nombres franceses que simpatizan con su propuesta de una Unión que sostuviera una presencia misionera como la que él vive, atraviesa momentos de debilidad extrema, que se compensan con el poder celebrar alguna vez la eucaristía en Tamanrasset. Aunque para Foucauld, la presencia eucarística que irradia realmente si es llevada hasta lugares donde casi nadie llega por percibirla, es inseparable de la de algunos cristianos que, también realmente, testimonien una amistad y una bondad a toda prueba que prepare el terreno del anuncio. Su forma de entender la tarea es la de abrir caminos, una preparación que seguramente requerirá largos tiempos antes de que el evangelio pueda ser escuchado. Una presencia humilde en la que el respeto y el diálogo sean garantes de la buena noticia de Jesús que se ofrece en libertad.

Los estatutos de la Unión redactados por él detallan esta forma de misión. En un pequeño cuaderno, el hermano Carlos la resume en unas líneas: “Mi apostolado debe ser el apostolado de la bondad … Si se me pregunta por qué soy dulce y bueno, tengo que responder que porque soy servidor de un mucho mejor que yo “.

En 1915, por causa de la guerra, no pudo viajar a Francia, donde había encontrado entre otras adhesiones la acogida de un conocido arabista como Massignon, que mantuvo vivo su recuerdo tras su muerte. Y como adelantábamos, el 1 de diciembre de 1916, el hermano Carlos fue asesinado por un chico atemorizado ante un grupo de rebeldes que irrumpieron en la ermita levantada en pleno Sahara argelino.

Tenía 58 años y su nombre aparece encabezando los trabajos que realizó en campos como la geografía, la geología y la lexicografía. Pero, a distancia de un siglo de su muerte, le son reconocidas universalmente sobre todo: una radical adhesión al Evangelio, su búsqueda de los últimos y su sensibilidad para el encuentro con el islam.

Y ese final, aparentemente sin sentido y en una soledad extrema, se puede leer también hoy, a la vista de los numerosos grupos y los miles de seguidores de la espiritualidad de desierto que forman su Familia, como una ratificación de la verdad evangélica del grano de trigo que muere.

La estrategia de Carlos de Foucauld: convertirse en un “amigo seguro” de los musulmanes


El padre Charles de Foucauld responde a una carta de René Bazin de la Académie française. Éste apareció en el n ° 5 del Boletín de la Oficina de Prensa Católica, en octubre de 1917.

“Jesús caritas”

Tamanrasset, por Insalah, vía Biskra, Argelia, 29 de julio de 1916.

Señor,

Muchas gracias por haber respondido a mi carta, en medio de tanto trabajo, y tan fraternalmente. Podría, contarle sobre la vida del misionero entre las poblaciones musulmanas, mis sentimientos sobre lo que se puede esperar de una política que busca convertir a los musulmanes con el ejemplo y con educación y que en consecuencia mantiene el mahometismo, y conversaciones con personajes del desierto sobre asuntos europeos y sobre la guerra.

Vida misionera entre poblaciones musulmanas

[…] Los misioneros aislados como yo son muy raros. Su función es preparar el camino, para que las misiones que los sustituyan encuentren una población amiga y segura, almas algo preparadas para el cristianismo y, si es posible, algunos cristianos. […] Debemos hacernos aceptar a los musulmanes, convertirnos para ellos en el amigo confiable, a quien acudimos cuando tenemos dudas o sufrimos, en cuyo afecto, sabiduría y justicia contamos absolutamente.

Solo cuando lleguemos así podremos hacer el bien por sus almas. Inspirar absoluta confianza en nuestra veracidad, en la rectitud de nuestro carácter y en nuestra educación superior, dar una idea de nuestra religión a través de nuestra bondad y nuestras virtudes, mantener relaciones afectuosas con tantas almas como sea posible, musulmanes. o cristiano, nativo o francés, es nuestro primer deber: sólo después de haberlo cumplido bien, el tiempo suficiente, podemos hacer el bien.

Mi vida, por tanto, consiste en estar lo más conectado posible con lo que me rodea y en prestar todos los servicios que pueda. A medida que se establece la intimidad, hablo, siempre o casi siempre cara a cara, del buen Dios, brevemente, dando a todos lo que pueden acoger, huida del pecado, acto de perfecto amor, acto de contrición perfecta, los dos grandes mandamientos del amor a Dios y al prójimo, examen de conciencia, meditación en los últimos fines, a la vista de la criatura pensando en Dios, etc., dando a cada uno según sus fuerzas y avanzando lenta, cautelosamente .

Hay muy pocos misioneros aislados que desempeñen este papel de pioneros; Ojalá hubiera muchos: cualquier párroco de Argelia, Túnez o Marruecos, cualquier capellán militar, cualquier piadoso laico católico (como Priscilla y Aquila, podría serlo. El gobierno prohíbe el clero secular para hacer propaganda antimusulmana; pero es una propaganda abierta y más o menos ruidosa: relaciones amistosas con muchos nativos, que tienden a acercar lenta, gentil y silenciosamente a los musulmanes al Los cristianos que se han convertido en sus amigos no pueden ser prohibidos por nadie.

Cualquier párroco de nuestras colonias podría esforzarse por formar a muchos de sus feligreses para que sean Priscillas y Aquilas. Hay toda una propaganda tierna y discreta para hacer entre los nativos infieles, propaganda que quiere ante todo bondad, amor y prudencia, como cuando queremos traer de vuelta a Dios a un pariente que ha perdido la fe …

Ojalá después de la victoria nuestras colonias despeguen nuevamente. Qué hermosa misión para nuestros cadetes de Francia, ir a colonizar los territorios africanos de la madre patria, no para enriquecerse allí, sino para hacer que se ame Francia allí, para restaurar las almas francesas allí y sobre todo para proporcionarles la salvación eterna, estando sobre todo Priscillas y Aquilas!

Cómo afrancesar a los pueblos de nuestro imperio africano

Mi pensamiento es que si, poco a poco, lentamente, los musulmanes de nuestro imperio colonial en el norte de África no se convierten, habrá un movimiento nacionalista similar al de Turquía: se formará una élite intelectual en el gran pueblos, educados al estilo francés, sin espíritu ni corazón francés, una élite que habrá perdido toda la fe islámica, pero que mantendrá la etiqueta para poder influir en las masas a través de ella; Por otro lado, la masa de nómadas y campesinos permanecerá ignorante, lejos de nosotros, firmemente mahometanos, llevados al odio y al desprecio de los franceses por su religión, por sus morabitos, por los contactos que tienen con los franceses ( representantes de la autoridad, colonos, comerciantes), contactos que con demasiada frecuencia no son adecuados para hacerlos amarla.

El sentimiento nacional o bárbaro se exaltará en la élite educada: cuando encuentre la oportunidad, por ejemplo durante las dificultades de Francia dentro o fuera, utilizará el Islam como palanca. para levantar la masa ignorante, y buscará crear un imperio musulmán africano independiente.

El Imperio del Noroeste Africano de Francia, Argelia, Marruecos, Túnez, Africa Occidental Francesa, etc., tiene treinta millones de habitantes; Tendrá, gracias a la paz, el doble en cincuenta años. Entonces estará en pleno progreso material, rico, atravesado por vías férreas, poblado por habitantes experimentados en el manejo de nuestras armas, cuya élite habrá recibido instrucción en nuestras escuelas. Si no hemos podido afrancesar a estos pueblos, nos echarán. La única forma en que pueden convertirse en franceses es convirtiéndose en cristianos.

No se trata de convertirlos de la noche a la mañana o por la fuerza, sino con ternura, discreción, con la persuasión, el buen ejemplo, la buena educación, la instrucción, gracias al contacto cercano y afectuoso, obra sobre todo de laicos franceses que pueden ser mucho más numerosos que los sacerdotes y para hacer un contacto más íntimo.

¿Pueden los musulmanes ser realmente franceses? Excepcionalmente, sí. En general, no. Varios dogmas musulmanes fundamentales se oponen a esto; con algunos hay acomodaciones; con uno, el de los Medhi, no hay ninguno: todo musulmán (no estoy hablando de librepensadores que han perdido su fe) cree que cuando se acerque el juicio final, el Medhi se levantará, declarará el guerra santa, y establecerá el Islam en toda la tierra, después de haber exterminado o subyugado a todos los no musulmanes.

En esta fe, el musulmán considera al Islam como su verdadera patria y los pueblos no musulmanes están destinados a ser, tarde o temprano, subyugados por él o su musulmán o sus descendientes; si se envía a una nación no musulmana, es una prueba aprobatoria; su fe le asegura que saldrá y triunfará en su turno sobre aquellos a quienes ahora está sujeto; la sabiduría lo impulsa a sobrellevar con calma su terrible experiencia; “El pájaro atrapado que lucha pierde sus plumas y rompe sus alas; si se detiene, está intacto el día de la liberación “, dicen; pueden preferir una nación a otra, preferir ser sumisos a los franceses que a los alemanes, porque saben que los primeros son más amables; pueden estar apegados a este o aquel francés, como uno está apegado a un amigo extranjero; pueden luchar con gran valentía por Francia, por sentido del honor, carácter guerrero, esprit de corps, fidelidad a su palabra, como los soldados improvisados ​​de los siglos XVI y XVII, pero, en general, excepto excepción, mientras sean musulmanes, no serán franceses, esperarán con más o menos paciencia el día de Medhi, en el que subyugarán a Francia.

De ahí que nuestros musulmanes argelinos sean tan reacios a pedir la nacionalidad francesa: ¿cómo podemos pedir ser parte de un pueblo extranjero que sabemos que debe ser infaliblemente derrotado y subyugado por el pueblo al que nosotros pertenecemos? Este cambio de nacionalidad implica realmente una especie de apostasía, una renuncia a la fe de los Medhi … […]

Al recomendarme fraternalmente a mí y a nuestros tuareg a sus oraciones, y agradecerle nuevamente su carta, le pido que acepte la expresión de mi saludo respetuoso

Tu humilde servidor en el Corazón de Jesús.

Charles de Foucauld

CARLOS de FOUCAULD y el Sahara francés

Dentro del Bordj del padre de Foucauld en Tamanrasset


ESCRITO POR HENRI HOURS (Cercle algérianiste)

Cuando llegó a BÉNI-ABBES el 28 de octubre de 1901, Carlos de Foucauld tenía cuarenta y tres años. Saint-cyrien, un oficial sin vocación militar, se había revelado por la realización de una exploración difícil y peligrosa a través de Marruecos todavía prohibida a los cristianos y había tomado inmediatamente el rango de los grandes exploradores de la época. Después de una conversión religiosa en 1886, en 1890 entró en La Trapa, primero en N.-D. des Neiges, en Ardèche, luego en Akbès, en Siria. Retirado en 1897 como jardinero-ermitaño del convento de las Clarisas de Nazaret, finalmente se había preparado para el sacerdocio que había recibido el 9 de junio de 1901. Ante esta vida de línea quebrada, su instalación en el extremo sur de Orán solo podría aparecer como un nuevo cambio mientras se espera el siguiente. Había que conocerlo íntimamente para percibir, bajo esta aparente inestabilidad, una vocación que tardó mucho en configurarse, porque carecía de modelo.En La Trappe, Carlos de Foucauld había buscado primero una sanación en la oscuridad, la soledad, del arrepentimiento de su vida pasada, de la extrema pobreza, todo en perfecta unión con la persona de Cristo, con el que una lectura asidua de los Evangelios mantuvo, a través del trabajo del día y los silencios de la noche, una intimidad en todo momento. Es lo que llamó “la vida de Nazaret”, como la de la Sagrada Familia.

Poco a poco, esta vida en Nazaret se había convertido en él en una vocación misionera: dar a conocer a Cristo, no por la predicación activa y los medios habituales, sino por la presencia de la Eucaristía, por la práctica ordinaria de la amistad, del asistencia, fraternidad. Atormentado por la memoria del Islam, descubierto en Argelia y Marruecos, quiso establecerse a las puertas del imperio Sherifiano, listo para entrar en él tan pronto como fuera posible.

En retrospectiva, la estancia de Beni-Abbes (tres años y medio, 1901-1905) nos aparece como un período de aprendizaje, durante el cual Foucauld tuvo que perder algunas ilusiones y dejar de lado consideraciones auxiliares para concentrarse en lo esencial.

Oasis de ciento treinta fuegos, Beni-Abbes también albergaba una guarnición: una oficina árabe y tres compañías. El hermano Carlos se sintió dividido entre su papel de misionero entre los musulmanes y el de capellán militar. Desde el principio, el descubrimiento de la esclavitud en la sociedad musulmana le repugnó e inmediatamente pensó en combatirla con una rápida emancipación. Pronto comprendió que entre lo ideal y lo posible, las limitaciones sociales imponen retrasos y que debemos aprender a tener paciencia. Así mismo, enseguida soñó con conversiones e incluso hizo dos o tres bautismos: se dio cuenta de que el Islam no se trata así y que, de nuevo, había que tener paciencia.

En ese momento, la completa ocupación y pacificación del Sahara se completó bajo la autoridad del comandante Laperrine, quien le propuso establecerse más al sur, entre los tuareg apenas sumisos. Él mismo, entonces, miraba de esta manera. Se sentía incómodo en Beni-Abbes y el acceso a Marruecos todavía parecía problemático. En cambio, en Argelia, incluso en el sur, había algunos sacerdotes; pero entre la gente del desierto, ninguno. El 13 de agosto de 1905 se instaló en Tamanrasset, en el corazón de la cordillera de Hoggar. El puesto militar más cercano, Fort Motylinski, estaba a dos o tres días de marcha: no había riesgo de ser capellán de guarnición. Por otro lado, su gourbi no estaba en el medio del pueblo, sino a unos cientos de metros de distancia: muy ligeramente separado, se mantuvo él mismo, sin intentar ser confundido con un Touareg, pero muy cerca y fácilmente asequible.

Después de unos dos años, había establecido su ritmo de vida. Oración y contemplación; largas conversaciones con los tuareg y con sus visitantes, principalmente oficiales; trabajo. Su pensamiento misionero ahora estaba maduro. En primer lugar, rechazó enérgicamente el lugar común tan extendido según el cual los musulmanes son inconvertibles al cristianismo: Cristo murió por todos, todos deben conocerlo y, por lo tanto, son capaces de hacerlo. Pero será largo, muy largo, debido a la naturaleza de la religión islámica. Sobre este punto, vuelve constantemente en su correspondencia: con los musulmanes, no ha llegado el momento de la evangelización directa, que no obtendría resultados y podría incluso perjudicar, sino de la pre-evangelización, a través del trabajo de la civilización. Para esto, todo está bien, desde los consejos más prácticos y con los pies en la tierra (como enseñar a las mujeres a tejer) hasta los consejos de educación moral que se deslizan en los momentos más favorables sobre el trabajo, la lealtad, el matrimonio. Favoreció en la medida de lo posible el aprendizaje del francés, que consideraba de primordial importancia para que los tuareg se las arreglaran con la Administración, solos y sin intermediarios. En una palabra, desde su estado de “” subdesarrollado “, como no se ha dicho todavía, se trataba de elevarlos paulatinamente hasta nosotros, esos son sus propios términos.

Hábleles con cautela de Dios, partiendo de la grandeza de Dios, familiar a todo musulmán, para intentar hacerles acceder a la noción del amor divino, a la que están cerrados como a la blasfemia.

Mientras tanto, se le imponían dos tareas, ambas capitales.

Para un mejor conocimiento de los tuareg y para preparar la venida de los misioneros (en un tiempo lejano …), realizó una inmensa labor lingüística que, de 1907 a 1916, se llevó todo el tiempo que le dejaba la oración y las relaciones humanas. : gramática, diccionario tuareg-francés y francés-tuareg, diccionario de nombres propios, recopilaciones de poemas y textos en prosa. Cuando murió, su trabajo estaba casi terminado.

Además, ayudar a los oficiales en su tarea de administración y civilización. Algunos se horrorizan ante esto, aquellos para quienes la colonización era un pecado y que ven en el padre de Foucauld un agente de inteligencia al servicio del ejército y por tanto de una causa injusta. A los ojos del propio padre de Foucauld, es bueno que si no hubiera ayudado a los oficiales, hubiera sido culpable, con respecto a Francia, sin duda, pero aún más a la respecto a los propios tuareg. Sobre esto también insiste en todo momento en sus cartas: la misión, la evangelización, es un deber estricto de todo cristiano; y por tanto también, si es necesario, el trabajo preparatorio para la civilización. Con más razón, el deber se impone a nosotros, los franceses, con respecto a nuestras colonias. Francia está en el Sahara. Es un hecho que no tiene por qué discutir. Pero, a sus ojos, también es bueno, porque trae los beneficios de una civilización superior en todos los aspectos. De Foucauld está obsesionado por la seriedad de este deber, ansioso por ver cuán mal lo cumple Francia: con demasiada frecuencia, envía traficantes al Sahara, no cristianos; incluso se opone, siguiendo en esto la política constante del Ejército, luego de la Administración, a la evangelización y promueve el desarrollo del Islam. Y prevé: si no cambiamos nuestro comportamiento, el avance de la educación que habremos traído estará en nuestra contra y, en cincuenta años, nos echarán; escribió esto en 1912 …

Por eso, contribuir a la obra de paz y civilización interviniendo con los oficiales en los que confiaba -no era el caso de todos- fue para él un deber cuya obviedad ni siquiera fue discutida. Tanto más cuanto que se sentía solo en poder hacerlo, no solo gracias a su conocimiento de los tuareg, sino porque sus relaciones personales de confianza y amistad en el Ejército Africano al que había pertenecido le permitían atravesar muchos obstáculos administrativos; se expresa claramente, el 29 de febrero de 1912, en una carta al teniente Depommier (1): “Disculpe la sencillez, la claridad con que digo ciertas cosas y permítame darle ciertos consejos. Esto me da una libertad extrema. contigo, es la absoluta certeza en la que estoy de que buscas solo y con todas tus fuerzas el bien general ”.

Asimismo, con los funcionarios amigos, se extendió extensamente en información y recomendaciones sobre los más diversos temas: el último rezzou, la situación material (lluvia, robo de saltamontes, estado de las cosechas), dictamen sobre tal regulación a prever o reformar, cómo tratar a los esclavos liberados, injusticias o necedades para no cometer o no renovar (requisiciones abusivas, o hechas en condiciones absurdas y ruinosas para los tuareg), condiciones de cría y uso de camellos , la necesidad de una justicia justa y firme, etc. Consciente del daño que puede hacer un hombre bien intencionado pero mal informado, describe, en la misma carta antes citada, un vasto programa:

1 ° Conoce el país.
2 ° Conozca a las personas.
3 ° Gobernar bien: hacer reinar la paz hacer reinar la justicia para hacer reinar la virtud, la armonía, la prosperidad.
Civilizar: asimilar
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Avanzar: moralmente, intelectualmente y materialmente.

En resumen :

Carlos de Foucauld dedicó su vida a la elevación moral y material de las poblaciones del desierto, dando el ejemplo de una existencia de fraternidad, servicio y pobreza extrema, fundada en la adoración del Dios vivo, preparando la venida de aquellos que, el día en que finalmente sería posible, sacerdotes y hogares laicos misioneros, vendrían a dar a la misión cristiana todo su alcance.

Del mismo modo, bajo la presión de las necesidades y con total independencia en cuanto a los hábitos de pensar y actuar, el hermano Carlos creó un nuevo modo de apostolado sacerdotal y misionero: oculto, enterrado en medio de la vida. Su influencia ha marcado no solo a quienes se refieren explícitamente a él (son numerosos, los más conocidos son los Hermanitos de Jesús, creados en 1933), sino a un sinfín de otros en el catolicismo contemporáneo.

¿Cómo no mencionar a los sacerdotes obreros? Pero son frecuentes las malas interpretaciones al respecto. Por lo tanto, nunca “se convirtió en tuareg”, como se dice a veces. No, se entregó a los tuareg, totalmente, sin reserva ni retorno, pero no se convirtió en uno de ellos y no buscó serlo. Su obra lingüística, su esfuerzo civilizador, todo esto, a sus ojos, era necesario para preparar la evangelización, pero no la constituía. No es el desarrollo económico ni siquiera social lo que evangeliza, sino la autenticidad cristiana y la santidad de los misioneros. Este es el gran mensaje del padre de Foucauld.

HORAS HENRI
Archivero honorario de la ciudad de Lyon

Detrás del icono de Carlos de Foucauld, la fuerza de la amistad”

Jean-Paul Vesco el obispo de Orán, rinde homenaje a la fecundidad del mensaje de este “hermano universal”.


Carlos de Foucauld fue asesinado hace más de cien años frente al Bordj que había construido en Tamanrasset para proteger a los habitantes de una pequeña aldea que ahora se ha convertido en una gran ciudad. Esta muerte violenta sacó a la luz la vida oculta de este hombre quemado por el deseo de dar su vida como signo del mayor amor a su Señor. Su muerte contribuyó fuertemente a forjar un icono de un ermitaño perdido en las arenas del desierto, que no dice con precisión la verdad de este destino tan singular, de alcance tan universal. Con el tiempo, ha surgido una imagen mucho más compleja, más bella y más humana de la personalidad de Carlos de Foucauld. Lejos de la inmovilidad de un icono, el testimonio de Carlos es ante todo el de una trayectoria compuesta de conciencia y sucesivas conversiones. Es en esto que se une a nuestras vidas y todavía habla al corazón de tanta gente.

Hay muchas formas de leer la vida de Carlos de Foucauld, tan rica e inagotable que es. Podemos centrarnos en la radicalidad de la conversión de este hombre, huérfano de padre y madre a los cinco años, en busca del ideal después de haber, junto a su amigo de la infancia, “desaprendido a rezar”, y que ahogó su disgusto por vivir en las fiestas que ofrecía a sus amigos de la escuela de oficiales. Quizá queramos seguir a este hombre en busca del último lugar y la vida escondida de Jesús en Nazaret, buscado en una Trapa nunca lo suficientemente lejos, nunca lo suficientemente pobre, y finalmente encontrado por un tiempo en una choza al fondo del jardín de Clarisas de Nazaret.

Habiendo consentido finalmente en ser ordenado sacerdote, el 9 de junio de 1901 en la capilla del seminario mayor de Viviers, uno puede conmoverse por su celo misionero y su deseo de llegar a los más alejados del anuncio evangélico, hasta las fronteras de El Sahara francés de la época, al no poder evangelizar Marruecos, lo exploró de forma heroica y lo advirtió antes de su conversión. Todavía podemos asombrarnos de su titánica actividad científica, que le permitirá, en tan sólo once años de presencia en Tamanrasset, escribir el primer diccionario de la lengua de los tuareg, que sigue teniendo autoridad en la actualidad, y reunir miles de versos de una poesía transmitida hasta entonces sólo por oralidad.

Esta fraternidad ofrecida a todos, independientemente de su afiliación religiosa, étnica o nacional, es el sello distintivo de la fraternidad de los discípulos de Cristo.
Otra clave para leer la vida de Carlos de Foucauld es la amistad. La amistad marca la vida de Carlos desde la infancia hasta el día de su muerte. El pseudo ermitaño del desierto ha mantenido toda su vida una correspondencia considerable (6000 cartas encontradas hasta la fecha, muchas están perdidas), en particular con su adorada prima, Marie de Bondy, y el padre Huvelin, su padre en la fe y también su ” mejor amigo “. Un acercamiento demasiado apresurado a la vida de Carlos en Tamanrasset podría llevarlo a usar la amistad con los tuareg como último recurso, sin poder participar en una proclamación explícita del Evangelio. Quizás este era el caso en la mente de Carlos en el momento de su llegada, cuando se esforzó por escribir rudimentos de gramática y léxico destinados a permitir que hipotéticos misioneros vinieran y transmitieran su mensaje, sin esperar nada a cambio de estos “pobres de la tierra”. En cambio, Carlos descubrirá hombres y mujeres, sin duda desconocidos para los buenos franceses de su tiempo, pero arraigados en una tradición, una religión y una cultura por las que será tan apasionado hasta el punto de sacrificar horas y horas de oración. Esta relación de alteridad y reciprocidad propia de la amistad se establecerá entre ellos y él.

Es entonces, y solo entonces, que se convertirá en el hermano universal que tanto anhelaba ser. Esta fraternidad ofrecida a todos, independientemente de su afiliación religiosa, étnica o nacional, es el sello distintivo de la fraternidad de los discípulos de Cristo. Una fraternidad que no se basa en una afiliación humana común, sino que se recibe de una amistad en el espejo de la que podemos reconocer en cada persona el reflejo de un creador único. Esta amistad fraterna, o esta fraternidad universal, por la que Carlos se entregó al riesgo de morir, lo convierte en un gran testimonio de esta fraternidad cristiana a la que estamos llamados por Aquel que dijo a sus apóstoles: ” No hay amor más grande que dar la vida por tus amigos. “

En cuanto a otros grandes testigos, como los monjes de Tibhérine o Mons. Pierre Claverie, la muerte de Carlos de Foucauld no se buscó y no se esplica en sí misma. Destaca el éxito de una vida cuya inmensa fecundidad no pudo prever Carlos, el hermano universal. Más cerca de casa, la muerte del padre Jacques Hamel no dice nada por sí sola, excepto la ceguera de sus asesinos. Pero destaca la belleza y la fidelidad de una vida entregada hasta el final por un sacerdote humilde para seguir a su Señor.

La espiritualidad de Carlos de Foucauld


|Les Amitiés Charles de Foucauld
La conversión de un principiante

“¡Dios mío, si existes, déjame conocerte!” … Carlos de Foucauld escribiendo a su amigo Henry de Castries el 14 de agosto de 1901, reconocerá que se trataba de una “oración extraña”. Sin embargo, proviene de lo más profundo de su corazón, en los meses anteriores a su conversión.

Desde el don de la Luz donde, a fines de octubre de 1886, se le reveló la Presencia divina hasta el momento del Encuentro definitivo el 1 de diciembre de 1916, el núcleo central de la fe del converso parece ser la certeza muy viva de ‘Existencia de Dios y el sentimiento gozoso y pacífico de existir él mismo en esta Presencia.

Creyentes, los había visto desde su infancia, y los vio cerca de él cuando acababa de reunirse con su familia en París en 1886. Los necesitaba después de un largo período de trece años “sin negar nada y sin creas nada, desesperando de la verdad “. El espectáculo de la oración musulmana durante su exploración de Marruecos había sido una pregunta y un despertar para él. La obra oculta de la gracia y el ejemplo de sus familiares lo llevaron a la Iglesia de San Agustín: fue para arrodillarse allí y dar su adhesión a la Verdad (“tan pronto como creí que existía Dios ”) y reorienta su vida con claridad (“ Comprendí que no podía evitar vivir solo para Él ”). El nombre de esta Verdad se le manifestó en su conversión: Jesús, Hijo de Dios encarnado, cuyo Cuerpo recibió en la comunión eucarística y cuyo signo del Cuerpo eclesial percibió en la persona del Padre Huvelin, Ministro del Perdón dado y recibido.

Esta fe de su infancia, ahora redescubierta en todo su dinamismo, irá hacia el descubrimiento de todas las riquezas del Misterio cristiano con asombro y hacia un compromiso de caridad cada día más total.

Imita la vida de Jesús en Nazaret

La asistencia al Evangelio, una peregrinación a Tierra Santa en 1888-89, la dirección espiritual del Padre Huvelin, la amistad de su prima Marie de Bondy que le hizo conocer la devoción al Sagrado Corazón, un clima general de el silencio y la práctica sacramental llevan a Carlos de Foucauld a descubrir cuán bajo había caído Dios en la Encarnación. Profundiza, con un gusto espiritual que es la gracia particular que le ha sido otorgada, la vida de Jesús en Nazaret. Ve en él el signo y la manifestación del amor de Dios por la humanidad.

Durante los treinta años de su vida como converso, no tendrá otro propósito que seguir e imitar a Jesús en esta vida de Nazaret. Su vocación personal será justamente eso: vivir en todo momento en esta imitación, teniendo constantemente ante sus ojos a Aquel a quien llama su “Hermano Amado”, su “Modelo Único”, el seguimiento en las virtudes de Su vida oculta. , en particular en esta “abyección” que llevó al Maestro, desde Belén al Calvario, a buscar siempre “el último lugar”.

Atraído por este Modelo, viéndose presente entre María y José en la casa de Nazaret, Carlos descubre que Jesús vino a la tierra para amar y salvar a sus hermanos en la humanidad, que el Corazón de Jesús arde de caridad por todos, que el La obra de la salvación del mundo lo llevará a la Cruz, que Jesús es el Hermano universal, el Salvador universal derramando sobre todo el fuego redentor del Amor divino. En su deseo de imitar, Carlos, como hermano pequeño del Amado Jesús, también querrá trabajar por la salvación de sus hermanos humanos y amarlos a todos y cada uno con la Caridad que viene de Dios. Le gustaría ser un “hermano universal” con Jesús.

Su respuesta de amor

En los años 1900-1901, su devoción al Sagrado Corazón y su decisión de ser sacerdote le darán a Carlos de Foucauld su fisonomía espiritual bien caracterizada. En lugar de volver a la vida monástica o semi-ermitaña que había llevado hasta ahora, desea llevar a los “pobres” que están privados de ella los beneficios del Salvador. Él mismo se convertirá, por los beneficios espirituales y materiales que pueda traer, en el instrumento por el cual Jesús podrá alcanzar “hasta la oveja más perdida”, hasta sus hermanos más “enfermos”. Concretamente, el sacerdote Charles de Foucauld se dirige hacia estas fronteras argelinas desde donde piensa unirse a estos amigos a los que recuerda desde su viaje a Marruecos. Pero al no poder ir allí, se entregará a los pobres de Beni Abbès luego de Hoggar, y es entre los tuareg donde dará su vida hasta la aniquilación, siguiendo a Jesús, un grano de trigo sembrado. en la tierra que muere para dar vida.

Espiritualidad misionera

Esta espiritualidad, siempre marcada por la imitación de la vida de Jesús en Nazaret, es absolutamente misionera; se origina en Pentecostés, el comienzo de la difusión del Espíritu de Amor. Desde ese día, la Iglesia ha crecido en esta gracia de la Caridad divina. Carlos de Foucauld se considerará en el Sahara, en una región nunca antes tocada por la predicación cristiana, como pionero de la evangelización.

En su vida en el Sahara, a menudo solitaria, no olvida a todos los demás “pobres” de su tiempo, tanto si son acomodados como en los países del cristianismo, si están al alcance de la misión de ‘Iglesias como eran entonces las colonias, pueden ser abandonadas espiritualmente como en ciertos países aún no evangelizados. En su corazón y en sus labios hay una oración “para que todos los humanos vayan al cielo” y en sus proyectos se gesta una Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, abierta a todos los que quieran trabajar. a la extensión del Reino de Jesús.

Espiritualidad eucarística

A sus ojos, la primera actividad será esencialmente eucarística, continuando el Santísimo Sacramento, desde Pentecostés, la Presencia de Jesús inaugurada en la Anunciación y en la Visitación. A través de la Eucaristía, el Resucitado, ascendido al Padre, permanece en contacto con el mundo. Carlos de Foucauld, al celebrar la Misa, al instalar un tabernáculo, permite a Jesús tomar “posesión de su dominio”, brillar donde reinaban las tinieblas del mal y el pecado, y transfigurar con el Fuego de la Caridad a quienes Acércate a este hogar donde arde el Santísimo Sacramento de Jesús Salvador. Para el apóstol de la Eucaristía, la actitud resultante será también la de irradiar Amor a través de su propia vida.

Espiritualidad del testimonio de la caridad

Los días de Carlos de Foucauld, en Beni Abbès como en Tamanrasset, serán entregados al vecino en total amabilidad, servicio permanente, hospitalidad donde cada persona encontrada recibe un poco del Misterio que habita el testimonio del Evangelio, como en el La visitación de Jesús en el seno de María ya toca a Juan Bautista. Entendemos que estas perspectivas llevaron gradualmente a Charles de Foucauld a desprenderse de las prescripciones demasiado precisas de un Reglamento ya vivir la vida de Nazaret “donde es más útil para el prójimo”. Incluso las horas dedicadas a estudiar el idioma de los tuareg se convierten en signos de este Amor que quiere ante todo servir.

Las actividades misioneras que se realizaban entonces en los países de misión: catecumenado, casas educativas, hospicios y dispensarios, reuniones populares, vida parroquial para apoyar a los recién bautizados … no serán obra de Charles de Foucauld en su apostolado en los tuareg. Por un lado, quiere imitar a Jesús que, en Nazaret, antes de predicar el Evangelio con palabras, vivió el Evangelio con su vida y, por tanto, insistir en el contacto familiar con el barrio, la inserción discreta para trabajar. masa como levadura. Por otro lado, está convencido de que en los países islámicos es necesario, antes de esperar conversiones individuales con posibilidad de perseverancia, estar bien preparado.

Espiritualidad de confianza y “Sí” a Dios

Desde sus primeras semanas entre los tuareg, le escribió al padre Huvelin: “Hago lo que puedo: con mucho cuidado, con mucha discreción, trato de poner a los nativos, los tuareg, en confianza conmigo, para domesticarlos. , para hacer reinar la amistad entre nosotros … Yo siembro, otros cosecharán ”. En 1916, consideró oportuno perseverar en este método misionero; le escribió a René Bazin: “Los misioneros aislados como yo son muy raros. Su papel es preparar el camino … Mi vida, por tanto, consiste en estar lo más cerca posible de lo que me rodea y en prestar todos los servicios que Yo puedo. A medida que se establece la intimidad, hablo, siempre o casi siempre, cara a cara, del buen Dios, brevemente, dando a todos lo que pueden ponerse (…) avanzando despacio, con cautela. “.

“Padre mío, me pongo en tus manos; Padre mío, a Ti me encomiendo; Padre mío, me entrego a Ti (…) Me pongo en tus manos con infinita confianza porque Tú eres mi Padre” Estas palabras introducen y cierran su meditación sobre la última oración de Jesús, meditación sobre Lucas 23, 46. Carlos hace hablar a Jesús, abandonándose en las manos de su Padre …

Muchos conocen esta oración llamada “Oración de abandono del Padre de Foucauld”. No redactó la meditación anterior para recitarla como una “oración de entrega”. Las oraciones que invita a recitar son el Ángelus y el Veni Creator, en recuerdo de la Encarnación y de Pentecostés.